Robots para todos

La palabra “robot” viene de la checa “robotta”, que significa servidumbre o trabajo forzado. El escritor Karel Capek la inventó en 1921, siendo Isaac Asimov quien la popularizó más tarde con su obra “Yo, robot” (1950). Hace ya seis décadas que empezaron a usarse robots, o sea mecanismos articulados que desarrollan funciones o movimientos automáticos siguiendo instrucciones externas o reglas que llevan incorporadas. En los últimos años su uso se ha extendido a pasos de gigante, abarcando muchos campos, y es hoy imparable.
   La robótica industrial se inició con “la grúa”, un mecanismo construido en su casi totalidad por piezas Meccano y accionado por un único motor eléctrico. Desde aquel inicio esta tecnología se ha difundido para facilitar multitud de procesos en todo tipo de empresas. Video.
   En medicina, especialmente en cirugía, los robots practican delicadas intervenciones, como comenté en este post. La rehabilitación es uno de los muchos campos de uso cotidiano de robots. Vídeo.
   La robótica educativa se inició en los sesenta con la intención de ayudar a los niños a desarrollar recursos intelectuales. Ver modelos.
   ¿Y para el día a día? Llegaron los robots personales. En las casas sirven para todo: accionar la luz, limpiar, organizar la agenda y hasta explicar cuentos a los niños. Video. Y si además tienen este aspecto, ¿quién no se apunta?
   Los avances tecnológicos, por mucho que los valoremos, tienen también su contrapartida. Desde que en los ochenta fue posible un gran aumento de la productividad gracias, entre otros, a esta tecnología que automatiza procesos, la demanda del factor trabajo ha ido decreciendo. En épocas pasadas de vacas gordas, cuando la producción se maximizó debido a una gran demanda de bienes y servicios alimentada por un crédito creciente, este cambio pasaba más desapercibido. Pero hace tiempo que todos nos preguntamos: ¿Qué haremos con todos estos trabajadores que ya no son necesarios?





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