De machos y hembras lingüísticos



La escritora y amiga Rosa María Torrent me dio la idea de esta breve reflexión al recordarme un asunto gramatical que me resulta cansino y que se debe únicamente a un querer aparentar la igualdad entre sexos. Me refiero al innecesario uso repetido del mismo sustantivo en masculino y femenino.
Cuando un político se dirige a “los ciudadanos y las ciudadanas” está cometiendo un error lingüístico que la RAE está harta de señalar. En los sustantivos referidos a seres animados se usa el género masculino para designar la clase, es decir, a todos los individuos de la especiesin distinción de sexos. Ejemplo: “Todos los ciudadanos mayores de edad tienen derecho al voto” se está hablando de hombres y mujeres a la vez.¿Esta decisión podría considerarse machista? Tal vez; en España y en la época en que se tomó,la mujer debía de ser invisible, como en otros países. Pero los académicos de la lengua así lo decidieron y así se ha quedado.En el año 2000 el periodista-escritor-académico Arturo Pérez-Reverte ya publicó una entrada en su blog al respecto, y en 2008 un artículo, ambos divertidos y que les recomiendo.
   ¿Por qué los políticos y muchos personajes públicos eligen duplicar los sustantivos innecesariamente, convirtiendo sus discursos en farragosos? ¿Es más social o políticamente correcto hacerlo así? ¿Se trata de una moda? ¿Lo hacen sin pensar y por seguir a los demás como borregos?
Para que la mujer sea tratada con respeto en el mundo hace falta algo más que modificar unas reglas gramaticales.
Como bien dice A.P-R en sus escritos, no es la lengua, sino el uso que se hace de ella la que puede ser machista. Además, cada vez que hacemos hincapié en “ciudadanos y ciudadanas” estamos señalando una diferencia entre sexos. Cada vez que hacemos la distinción, no consideramos a los seres humanos por igual, es decir: discriminamos. Pensar en o hablar de personas sin más coloca a los individuos en un mismo grupo que no tiene tampoco en cuenta las diferencias por raza, religión, procedencia ni inclinaciones sexuales.
   ¿Por qué hemos llegado al despropósito actual? En parte por miedo, como tantas veces: el temor del político a que le castiguen sus votantes hembra, el pavor del famoso a labrarse fama de “machito”. También por desconocimiento: ¿cuántos conocen las normas gramaticales, las recuerdan o se actualizan en las mismas? Otro factor a tener en cuenta es el contagio: empieza alguien a decirlo en televisión y todo el mundo lo repite.
   ¡Ojalá falsear una norma gramatical sirviera para borrar la discriminación de la mujer en el mundo! ¡Incluso como un primer paso! Pero no. De momento los intentos demostrados útiles pasan por la educación no sexista en la escuela y en casa, por personas como MalalaYousafzai y asociaciones que trabajan a conciencia para mejorar la situación de la mujer. Y lo más importante: que cada una de nosotras tenga una visión del mundo tan abierta que incluya a todas... y a todos –con permiso de ustedes.

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